Dolores Calvo: «Condes de Albarei actúa como dinamizador económico, social y cultural de sus socios y de la comarca»

María Dolores Calvo Méndez es presidenta de la cooperativa Condes de Albarei e integrante de la representación sectorial de vino de costa de AGACA, siendo además la primera mujer que entró a formar parte del consejo de AGACA (2017-2021). Su compromiso con la igualdad le ha llevado a sumarse a la asociación “Nós, as mulleres”. Además de su vinculación con el mundo del vino y cooperativo, es profesora, y asegura que no renunciaría a ninguna de sus dos vocaciones. Entre la vendimia y el arranque del curso escolar, hablamos con ella sobre las tres décadas que lleva vinculada a la cooperativa.

Las jornadas de María Dolores Calvo Méndez se reparten entre dos actividades profesionales que vive con entusiasmo a partes iguales: la de ejercer como profesora de matemáticas en un instituto de Salceda de Caselas y como presidenta de la cooperativa Condes de Albarei. “Puede haber temporadas tranquilas en las que puedes atender a todo sin muchos agobios y otras en las que todo parece coincidir y tienes la sensación de no llegar, pero finalmente se va resolviendo. Hay que organizarse y repartir tiempos”, asegura, a la vez que reconoce que no podría elegir quedarse solo con una de las dos.

“La viticultura y la enseñanza son dos mundos distintos y a la vez con bastantes semejanzas. Trabajas con seres vivos, que tienen su ciclo vital. Ambos requieren de cuidados, dedicación, pasión, acompañamiento…van creciendo y ves tu intervención en su formación. En ambos disfrutas de la vida y su evolución. En la enseñanza asumes mucha responsabilidad porque lo que haces y dices repercute en personas en formación y hay que cuidar mucho los sentimientos y sensibilidades. Creo que no hay necesidad de escoger, la combinación me parece buena y enriquecedora”.

En 2006 llegó al Consejo Rector de Condes de Albarei como vocal y permaneció en el cargo ocho años. “Cuando Guillermo Rodríguez decidió dejar la presidencia en 2014, la cooperativa estaba pasando un momento económico complicado y parecía lógico que se presentase alguien del consejo rector que conociese el funcionamiento. Ninguno de mis compañeros se animó y yo decidí dar el paso y presentarme, contando en todo momento con su apoyo y confianza. Debo decir que no fue una sorpresa ver que la sociedad aceptaba con naturalidad que una mujer asumiese la presidencia, valorando en todo momento a la persona y no el género”, explica.

A partir de ahí, se inició un proceso de trabajo y esfuerzo por revertir el ambiente de descontento y cierta tensión que se había instalado en la cooperativa. “En aquel momento las dificultades venían dadas por la situación a nivel mundial y la nuestra en particular: habíamos hecho una inversión de gran envergadura, las ventas y los precios bajaron y el pago a socios se fue retrasando. Hacer frente a esta situación era el objetivo prioritario. Con mucho sacrificio se logró y hoy podemos estar orgullosos de que hay mucha más cohesión social y una situación económica desahogada”.

Pero empecemos por el principio de todo, ¿qué llevó a Dolores Calvo a vincularse al mundo del vino?

“En casa había vacas, viñas, se cultivaba maíz, patatas…y yo colaboraba desde muy pequeña en todos los trabajos derivados de la actividad familiar (ordeñar, cuidar el ganado, esparcir abono, cavar, vendimiar, pisar las uvas…). Los olores, colores y procesos de la viña van asociados a mis vivencias desde siempre”, rememora.

“Por aquel entonces no había oído hablar nunca de cooperativismo como tal, aunque conocía y participaba de las labores colaborativas entre vecinos. La cooperativa Condes de Albarei no existía, ni otras en la zona. A finales de los ochenta mis padres cambiaron las viñas a la variedad de albariño y en ese momento comprendí que ya no se podía hacer vino en casa y que la mejor forma de sacarle productividad era entrar a formar parte de una cooperativa. Yo me animé y en 1992 me hice socia de Condes de Albarei”.

Una cooperativa con gran impacto social

 En estos 30 años que Dolores lleva vinculada a Condes de Albarei, la cooperativa ha crecido y evolucionado, tanto a nivel de servicios a los socios como de implicación social, actuando como dinamizador económico, social y cultural de la comarca. “Consumimos y gastamos en nuestra zona, aportamos nivel económico a nuestros vecinos. Generamos riqueza compartida”.

“La cooperativa aporta y crea bienestar, fijando población. Además, ofrece apoyo técnico a socios y formación para que conozcan los últimos avances y puedan aplicarlos con la finalidad de obtener el mayor y mejor rendimiento de sus viñas. Pero también formación en otros aspectos como la igualdad, liderazgo y gestión, sin olvidar facetas más personales como autoestima, motivación… Destacaría también su gran implicación en el cuidado del medioambiente, la salud alimentaria, la calidad de los vinos y la sostenibilidad”.

Pero si hay quedarse con un momento clave en el recorrido por la historia de Condes de Albarei, Dolores destaca cuando, hace catorce años, se materializaba la compra de pazo Baión, una finca con cinco siglos de historia. “Es difícil expresar la avalancha de sentimientos que me invadieron en aquel momento: sorpresa, alegría, responsabilidad, muchísima responsabilidad, ilusión, expectativa… Hicimos una apuesta muy fuerte porque teníamos muy claro el proyecto que queríamos llevar a cabo y el enclave era inmejorable. ¡La adquisición y puesta en marcha del proyecto de Pazo Baión ha supuesto un antes y un después en nuestra historia, pero aún nos queda mucho por escribir!”.

Hoy en día, Pazo Baión es un proyecto consolidado, reconocido como centro de referencia de enoturismo (en 2016 fue reconocido como mejor rincón enoturístico de España por la ruta de vinos de España) y que además tiene un importante componente social: el 5% de las ventas de sus albariños se destinan a programas de prevención contra las drogas a la vez que colabora en la reinserción sociolaboral de ex drogodependientes.

“Con la inversión recién realizada y una crisis económica mundial, las cosas fueron complicadas al inicio y la sociedad ha tenido que sufrir, pero hoy en día valoramos que ha valido la pena. Es una contribución de enorme valor colectivo. Es una satisfacción ver que llegan a Pazo Baión visitas de toda España y de países extranjeros, consumen en la comarca, pernoctan, compran, visitan otros lugares… es una forma más de activar la economía local”.

Una cooperativa a la delantera en igualdad

Otra de las señas de identidad de la cooperativa Condes de Albarei es su trabajo pionero en el ámbito de la igualdad de género y prueba de ello es que su Consejo Rector mantiene una composición proporcional al número de mujeres de la masa social. “En general, en las cooperativas agroalimentarias gallegas y españolas, sigue habiendo poca participación femenina en los Consejos Rectores y puestos de toma de decisiones. En nuestro caso se da un equilibrio en el reparto de puestos de responsabilidad entre trabajadores y trabajadoras, pero soy consciente de que somos aún excepción”, reconoce.

Lo cierto es que las tornas van cambiando, y en los últimos diez años el porcentaje de mujeres fue en aumento. Algo que, para Dolores, “no es fruto de la casualidad, sino del trabajo de concienciación que se viene realizando desde distintos ámbitos, aunque no es suficiente”. Entre ellos, destaca dos iniciativas en las que ella misma está fuertemente involucrada: AMCAE (Asociación de Mujeres de Cooperativas Agroalimentarias de España) y la Asociación de AGACA “Nós, as Mulleres”.

“En la sociedad en general y en el rural en particular, la presencia de la mujer en la vida pública aún no está equilibrada. En el rural la presencia de la mujer, sobre todo joven, es fundamental para afianzar población y dar un futuro a los pueblos. Se necesitan mujeres formadas profesionalmente, competentes, con iniciativa y ganas de desarrollar su proyecto de vida en el rural. Para ello debemos ofrecer servicios, conectividad y recursos que permitan a la gente joven plantearse el rural como alternativa”.

“Entiendo que el discurso tiene que cambiar. No podemos transmitir a nuestros hijos que estudien y se formen en especialidades que nada tienen que ver con el mundo agroalimentario y después pretender tener relevo generacional. Debemos dar una oportunidad al rural y al mundo agroalimentario. Presumamos del mismo, pongamos en valor lo que hacemos y lo que tenemos. Pidamos a las administraciones planes de estudios específicos en los que haya una oferta formativa relacionada con las actividades agroalimentarias de cada zona”.

En el marco de su compromiso con la igualdad en el sector, hace unos meses participó en Santiago de Compostela en la jornada «Mujeres de Cooperativas: Búsqueda de Nuevas Oportunidades en el ámbito de la Economía Social». Una jornada que sirvió, entre otras cosas, para reflexionar sobre el papel de las mujeres cooperativistas dentro de la economía social y donde se compartieron opiniones y experiencias.

En su intervención, Dolores dio a conocer el borrador de un trabajo llevado a cabo desde la Asociación “Nós, as Mulleres”  y Agaca sobre aquellos puntos que consideran que debe recoger la reforma de la Ley de Cooperativas en Galicia, así como en el Estatuto de la Mujer Rural. Entre ellos, destaca la propuesta de que “cualquier exigencia que se realice al sector en relación con la igualdad de género y las consiguientes medidas concernientes a la conciliación, deben adoptarse, igualmente, en la propia administración” y la propuesta de creación de una Comisión de Igualdad en las cooperativas.

“Considero que estas medidas fueron muy bien acogidas por las representantes de las distintas federaciones que vinieron de muchas partes de España. De hecho, estamos usando este borrador como uno de los documentos de trabajo de AMCAE para presentar al Ministerio, para que tengan en cuenta a la hora de la reforma de la Ley de cooperativas nacional”.

“En general, en las cooperativas agroalimentarias gallegas y españolas, sigue habiendo poca participación femenina en los Consejos Rectores y puestos de toma de decisiones. En nuestro caso se da un equilibrio en el reparto de puestos de responsabilidad entre trabajadores y trabajadoras, pero soy consciente de que somos aún excepción

La viticultura en perspectiva: esfuerzo, retos y pasión

¿Qué tendrá el mundo del vino que, pese a exigir sacrificios (y no poder vivir en exclusiva de ello en los casos de pequeños viticultores como el suyo), engancha tanto? “Cuando conoces de cerca el mundo del vino es difícil mirar a otro lado. Ver como cada año los ciclos de la vid se repiten, como van progresando los racimos… vas acompañando su proceso y te vas identificando con él”. Otra recompensa, según confiesa, viene “cuando te encuentras una botella de tu vino en un lineal de un supermercado, en un restaurante, en un país extranjero, en la que hay algo de ti, de tu trabajo, de tu esfuerzo… resulta muy motivador y estimulante. Sientes que estás contribuyendo a la alegría de la gente, estás presente en sus celebraciones y sus emociones”.

Los logros de la cooperativa han llegado con el esfuerzo de los socios. “En la D.O. Rías Baixas y en Galicia, en general, no es fácil vivir de la viticultura y el principal escollo lo presenta el minifundismo. Somos una D.O. pequeña que hizo las cosas bien, apostando siempre por la calidad y ahora mismo estamos muy bien posicionados en el mercado, pero es complicado para los pequeños viticultores crecer, ya que la concentración parcelaria no ha llegado aún a todas las zonas. En comarcas tan pobladas como el Salnés, si el poco terreno que tienes disponible para plantar no lo tienes junto, no es viable hacerlo. Necesitamos que nos faciliten un poco las cosas”.

Para ir cerrando nuestra charla, le pedimos que eche la vista atrás y nos cuente de qué está más orgullosa como presidenta de Condes de Albarei. “Creo que el mayor logro ha sido llegar hasta aquí juntos, permanecer unidos y consolidarse como una bodega de referencia en el sector. Mi mayor orgullo como presidenta son las personas que formamos la cooperativa: sociedad y trabajadores. La capacidad para tomar decisiones conjuntas que nos permitan salir a delante en un mercado muy competitivo, la fuerza que impulsa a las familias a creer en un sueño común y luchar por llevarlo a la práctica, con ilusión compartida”.

“Cuando te encuentras una botella de tu vino en un lineal de un supermercado, en un restaurante, en un país extranjero, en la que hay algo de ti, de tu trabajo, de tu esfuerzo… resulta muy motivador y estimulante. Sientes que estás contribuyendo a la alegría de la gente, estás presente en sus celebraciones y sus emociones”.

Por último, nos habla de los retos de futuro para el sector vitivinícola. “Creo que el principal reto que tiene la D.O. Rías Baixas es no perder sus señas de identidad. Somos una D.O. pequeña y tenemos que seguir diferenciándonos, no podemos perder nuestra esencia. Tenemos amenazas, como el hecho de que la variedad albariño es más conocida que la D.O. Rías Baixas y puede plantarse en cualquier parte del planeta. A esto tenemos que hacerle frente distinguiéndonos por potenciar nuestra situación geográfica, la tipicidad de nuestro clima, las características del terreno: identificándonos con el territorio”.

No duda en detallar cuáles son los desafíos que están sobre la mesa de la cooperativa: “Seguir trabajando en la cohesión social y aportando calidad de vida a nuestros socios y trabajadores. Continuar apostando por la calidad de nuestros vinos, generando valor añadido. Además, tenemos que seguir conservando nuestros valores: solidaridad, igualdad, honestidad, compromiso… y seguir avanzando hacia la sostenibilidad medioambiental, económica y social, sin dejar de ser rentables. En definitiva, seguir mirando al futuro juntos con ilusión compartida”.

Montse Fernández (Campoastur): “Falta patriotismo a la hora de llenar el cesto de la compra en España”

Además de ganadera, es concejal en su ayuntamiento y presidenta de dos asociaciones de mujeres. Montse Fernández Álvarez, socia de Campoastur, es de la opinión de que siempre se puede hacer un poco más por la defensa y revalorización del medio rural. Prueba de ello es que siempre está dispuesta a ir un paso más lejos: su ganadería de leche se transformó en ecológica en 2018, aumentando la rentabilidad para su explotación.

En el caso de Montse Fernández Álvarez la vocación ganadera llegó para sorpresa de su familia y hasta para sí misma: “Podríamos decir que soy ganadera por amor. Me casé muy joven y me vine a vivir a un pueblo del concejo de Tineo. Antes de eso, había vivido siempre en la ciudad de Gijón, pero al jubilarse mis suegros cogí las riendas de la ganadería, ya que mi marido ya trabajaba fuera como controlador lechero”.

Reconoce que los comienzos fueron duros porque había mucho que aprender. En este contexto, su aproximación al mundo cooperativo no tardó en producirse: “Al poco de incorporarme a la explotación, en el año 1996, decidimos hacernos socios de la cooperativa Campoastur; fuimos los primeros en nuestra parroquia. Por cercanía, por la calidad de sus piensos y por los servicios ofertados, consideramos que era una buena opción para nuestra ganadería. De hecho, llevamos comprando el pienso a través de la cooperativa desde entonces y ya van 25 años”.

Respecto a la labor de Delagro y Campoastur, lo que más valora es su capacidad “para contener las subidas de precio y tener miras a largo plazo, asesorándonos y prestándonos servicios de gran ayuda como el de sustitución; además saben escuchar nuestras necesidades”. Destaca también como uno de los grandes logros de Campoastur el haber conseguido “aunar la mayoría de las cooperativas asturianas en una sola y poner a disposición de los socios los mismos servicios en una zona de Asturias que en otra”.

Remando en este mismo sentido de generar oportunidades en el medio rural, Montse también aporta su granito de arena desde que dio el paso de convertirse en concejal en el Ayuntamiento de Tineo en 2015. “Considero que la política en los núcleos rurales debe servir para estar más cerca de los habitantes y solucionar las dificultades del día a día. El objetivo es que un habitante de un pueblo tenga los mismos servicios que el de una ciudad. En un municipio pequeño donde todo el mundo se conoce es muy satisfactorio poder ayudar los propios vecinos en cualquier necesidad que tengan, bien sea solicitar la reparación de un camino o aclarar algún trámite”, detalla.

Vivir en el pueblo es sacrificado, pero sus ventajas “no se pagan con dinero”

Eso sí, para poder compatibilizar su actividad política y su trabajo diario al frente de su ganadería de leche, además de pasión por ambas facetas, contar con el apoyo de la familia es crucial. “Puedo desarrollar estas responsabilidades gracias al buen equipo que formamos en casa. Hace falta echar horas: en la cuadra, en médicos, extraescolares, tareas domésticas… Es fundamental el apoyo de la familia, así que mi marido cuando llega a casa después de su jornada laboral tiene tareas esperándole, ¡como ocurre en todas las casas de pueblo! En la ganadería cuento con la ayuda de mi hijo mayor, que se incorporó en 2019”.

Pese a la exigente dedicación que requiere, tiene claro que no cambiaría su forma de vida por un trabajo de 9 a 6. “Para mí vivir en el pueblo es libertad: libertad de horarios, capacidad para organizar mi propio trabajo… En una empresa no puedes disponer del tiempo como a ti te venga mejor, en mi trabajo sí. Entiendo que puede haber personas a quienes se les haga muy duro la falta de descanso, no tener días libres, la poca rentabilidad. Hay que valorar el conjunto completo”.

De esta forma, y pese a haber crecido en una ciudad, se ha convertido en una gran defensora de la calidad de vida en el medio rural: “No cambio la tranquilidad de vivir en el pueblo por nada del mundo. Respirar aire puro, escuchar cantar a los pájaros en la mañana, es un lujo que no está al alcance de todo el mundo y que no se paga con dinero. Creo que la calidad de vida que se disfruta en el campo hace más llevaderos los sacrificios que implica en ciertos aspectos”.

Respecto a los retos de formar una familia en el medio rural, señala: “La vida aquí para una mujer es difícil. No voy a decir que para los hombres sea fácil porque tampoco lo es. En mi experiencia personal, lo que puedo corroborar es que es muy sacrificado tener un proyecto de familia y laboral a la vez en este entorno. Las mujeres culturalmente en España tenemos unos roles que, en el medio rural, siguen muy vivos, aunque afortunadamente, las responsabilidades hoy día se comparten con la pareja”.
Y para explicarlo pone un ejemplo concreto: “Un verano cualquiera, con hierba o silo, niños, personas mayores, ganado, colegios, etcétera, se hace cuesta arriba. Evidentemente los trabajos hay que hacerlos en los pocos días que hace sol. Para que uno esté en la finca haciendo silo, alguno tiene que quedar en la ganadería y hacerse cargo del ordeño, de sacar los animales al pasto y de las responsabilidades de la casa, de los hijos… Se dobla el trabajo para el que se queda, pero el que está en la finca tiene unos días de trabajo muy intensos también”.

“En nuestro caso, antes mi marido se encargaba de las labores de las fincas, ahora lo hace mi hijo ayudado por su padre y yo me encargo de la ganadería esos días. Se hace duro pero si te gusta tu trabajo, y la calidad de vida que se disfruta en el campo, el esfuerzo merece la pena”, añade.

“En Asturias las mujeres, aunque no aparecían en los papeles como propietarias, llevaban en muchos casos el peso de la ganadería. De hecho, cuando hay que hacer un trámite administrativo, llevar la contabilidad o acudir a un organismo oficial, quien suele hacerlo es la mujer de la familia”.

 

Las mujeres en el medio rural

Respecto a cómo ve el papel de las mujeres en la cooperativa, destaca el hecho de contar con una mujer como presidenta, aun cuando el número de mujeres propietarias o copropietarias en la cooperativa se quede lejos del 50%. “Que Mari Cruz Fernández sea nuestra presidenta creo que dice mucho del peso de las mujeres en Campoastur. En mi opinión, corrobora lo que ha pasado en Asturias, donde las mujeres, aunque no aparecían en los papeles como propietarias, llevaban en muchos casos el peso de la ganadería. De hecho, cuando hay que hacer un trámite administrativo, llevar la contabilidad o acudir a un organismo oficial, suele hacerlo la mujer de la familia”.

Por otro lado, fruto de su compromiso con la visibilidad de las mujeres en el medio rural, Montse aún tiene un hueco en su planificación semanal para dedicarle tiempo a dos asociaciones de mujeres. A nivel local, es presidenta de la Asociación de Mujeres de su parroquia, Cezures, y a nivel regional ejerce el mismo cargo en la delegación de Afammer (Asociación de familias y mujeres del medio rural) en Asturias.

“En el año 2015 se creó la Asociación de Mujeres de Cezures. Nacimos con el espíritu de dinamizar la parroquia, organizar actividades que nos permitan reunirnos y evitar que las mujeres nos quedemos aisladas en casa. Otro objetivo es el de restaurar la escuela pública que estaba cerrada desde el año 1990. Además, en el año 2019 me propusieron hacerme cargo de la delegación asturiana de Afammer, con implantación en España desde 1982. Nos movemos por toda Asturias, lo que nos permite conocer los problemas reales que las mujeres sufren en los pueblos. Recientemente hemos implantado una aplicación informática novedosa en Asturias que sirve para proteger e informar a todas las mujeres y también a las amenazadas o víctimas de violencia de género. Es importante entender que la violencia de género en muchos casos sigue siendo un tema tabú en el rural, donde pesa mucho el qué dirán”, explica.

Asegura que con su pequeña aportación, en tanto que ganadera, desde la política o desde las asociaciones de mujeres, quiere hacer ver que “se puede ayudar y trasladar las problemáticas que padece el medio rural a las diferentes administraciones. Se trata de contribuir a mejorar las condiciones de vida y de aportar a la sociedad. Puedes hacerlo ordeñando vacas y también solucionando los problemas de los vecinos”, aclara.

Esto es lo que trata de inculcarles a sus hijos, que ahora tienen 24 y 15 años. “Siempre les digo que estudien, que vayan fuera. Luego podrán regresar y aplicar aquí sus aprendizajes, así es como podremos generar cada vez más valor. El mayor ya hace unos años que decidió incorporarse a la explotación. Yo fui franca explicándole los obstáculos, pero demostró tenerlo claro y por ahora dice que está encantado”.

El paso a ganadería ecológica: “Ha merecido la pena”

Una de las características con las que Montse se define es la de ser aventurera: “Me gusta mirar siempre un poco más allá, valorar todas las posibilidades con visión de largo plazo”. Dicho en otras palabras, le interesa todo aquello que pueda aportar valor añadido a lo que se produce en el medio rural. Forma parte de su forma de entender y reivindicar su forma de vida y posiblemente tenga mucho que ver con la transformación de su ganadería de leche convencional en ecológica en el año 2018. Un cambio importante que con el tiempo ha resultado ser “muy positivo tanto para los animales como para nosotros y para la rentabilidad económica de la ganadería”.

Una de las dificultades que encontró para dar el paso fue la falta de información: “Es algo que no se promociona lo suficiente desde la administración. En nuestro caso el cambio a ecológico fue impulsado por una motivación personal y no por una ayuda, porque ya practicábamos el pastoreo en nuestra finca con anterioridad. Lo cierto es que cuando nos empezamos a plantear certificarnos, nos costó encontrar información, hasta que finalmente dimos con el COPAE (Consejo de la Producción Agraria Ecológica del Principado de Asturias), donde nos ayudaron a resolver todas las dudas. Lo que teníamos claro es que acumulábamos facturas de medicamentos y veterinarios, y que ahora esos gastos han desaparecido”, destaca.

Precisamente la incorporación de su hijo mayor a la ganadería, junto con ese espíritu aventurero que la caracteriza, fue lo que impulsó el paso final para transformar su ganadería en ecológica. “Había que empezar a pagar dos seguros, y con la producción convencional íbamos justos hasta para pagar el mío, así que el paso a ganadería ecológica fue acompañado de una ampliación del número de vacas y de la nave que las protege del frío y la lluvia”.

Asegura que el cambio ha merecido la pena y que los buenos resultados pueden comprobarse haciendo números. En la actualidad, cuentan con unas 45 vacas nodrizas y unas 70 cabezas de ganado en total que “producen 30.000 litros de leche al mes, o más”. “No hemos percibido ningún impacto negativo, más bien al contrario. Hemos mantenido e incluso mejorado la producción, con la diferencia de que recibimos más por nuestra leche, por lo tanto se ha incrementado la rentabilidad. Además, desde que la ganadería es ecológica, la tasa de reposición es mucho más baja, las vacas raramente enferman y son mucho más longevas”.

Sin embargo, Montse Álvarez considera que hace falta más pedagogía con el consumidor, para que entienda la diferencia de calidad de los productos ecológicos y lo que está en juego cuando elegimos un producto u otro. “Es importante que entendamos que la ganadería convencional y la ecológica son complementarias. Los alimentos que consumimos deben tener un precio asequible para los consumidores, pero siempre teniendo en cuenta que producir alimentos debe ser un negocio rentable para que el medio rural continúe vivo”.

Una pedagogía que también ve necesaria a la hora de mejorar la imagen del sector. “Todos podemos hacer algo por el prestigio del sector, y no necesariamente tenemos que hacerlo los ganaderos y agricultores de forma exclusiva. Creo que cada uno desde su posición puede aportar su granito de arena por la revalorización del campo”.

“Con la transformación en ganadería ecológica, hemos mantenido e incluso mejorado la producción, con la diferencia de que ahora recibimos más por nuestra leche. Además, la tasa de reposición es mucho más baja, las vacas raramente enferman y son mucho más longevas”.

Un sistema de precios que cubra los costes de producción

Respecto a su diagnóstico sobre la situación actual del sector, Montse detecta una deriva preocupante que se evidencia en la caída de la rentabilidad para los productores: “Hace años que el sector primario sufre pérdidas en la producción y que los ganaderos se endeudan para poder llegar a final de mes. Esto se traduce en cierres de ganaderías, escasez de productos básicos y encarecimiento del producto final”.

“A medio plazo, el futuro se ve negro ante los constantes incrementos del precio de la luz, los combustibles, el plástico, los fertilizantes, los piensos… Lo vemos con la inflación, la vida en general ha sufrido un tremendo encarecimiento. Ante esta situación las ganaderías nos sentimos desprotegidas, con muchos problemas para afrontar los altos costes de producción y sentimos una incertidumbre que no podemos solucionar mientras los costes de producción no sean cubiertos”.

Uno de los síntomas de esta situación es que, en ciertos casos, las ayudas de la PAC sirven para pagar facturas habituales de las ganaderías. “Esa no debería ser su finalidad, pero los bajos precios obtenidos por nuestras producciones en los últimos años han originado que muchas ganaderías tengan problemas de liquidez. Recuerdo que las primeras veces que se cobró la PAC, las ayudas se utilizaban para modernizarse, se invertía en instalaciones, maquinaria, en sembrar… Luego empezaron a concederse ayudas a personas que no viven realmente del sector primario y que lo utilizan como complemento a su trabajo; hubo una falta de control tremenda”.

Pese a esta coyuntura, a Montse le gusta mirar hacia el futuro con optimismo, pensando siempre en las posibilidades de generar valor añadido desde el propio sector. “A largo plazo, y como la esperanza es lo único que no se pierde, yo confío en que la situación del sector primario mejore, pero no a base de ayudas, que no son más que parches temporales, sino con un sistema de precios que realmente cubra los costes de producción, con un cumplimiento estricto de la Ley de la Cadena alimentaria que está aprobada en España y no se está aplicando”.

“No debemos olvidar que los alimentos que no se producen en España, se traen de fuera para poder alimentar al país, y que esos productos no soportan los altos estándares y controles de calidad y sanidad que soportamos los ganaderos y productores del sector primario español. Creo que falta más cultura de consumir producto español, aunque en ocasiones sea más caro, debemos tener claro que consumiéndolo creamos riqueza en el país. Falta patriotismo a la hora de llenar el cesto de la compra en España”, concluye.

Isolina Raña (CLUN): “Sin mujeres el rural se muere”

Entrevistamos a Isolina Raña, ganadera de leche de Xesteda, una parroquia gallega del municipio de Cerceda, socia de CLUN (Cooperativas Lácteas Unidas), agripooler de Acodea y una de las fundadoras del grupo Mulleres de Seu, un colectivo formado por más de 150 socias que trabaja para promover el empoderamiento femenino, dignificando su papel en el rural.

Isolina Raña se siente, ante todo, orgullosa de ser una ganadera profesional, “por vocación y tradición familiar”. Lleva ya más de 20 años al frente de la explotación y no cambiaría ni una línea de su biografía: “Me gusta ser ganadera y no me arrepiento de haberme quedado a ayudar a mis padres cuando terminé los estudios. Es una profesión en la que vives en contacto permanente con la naturaleza y muy gratificante”, asegura.

Donde muchos ven solo problemas, ella ve oportunidades para caminar hacia una ganadería cada vez más sostenible. Su explotación está certificada en bienestar animal y sus vacas pastan en el prado siempre que las condiciones climáticas lo permiten. Ella misma se describe como una ganadera del siglo XXI, “el siglo en que las mujeres luchamos para que la igualdad real se equipare a la igualdad legal”, apostilla.

Su compromiso con el sector y el mundo cooperativo la ha llevado a implicarse en varios frentes. Todos ellos giran en torno a una ganadería con futuro y a un medio rural con oportunidades. Aunque no le suelen llegar las horas del día para todas las actividades que se plantea, siempre le queda tiempo para “trabajar en contra de los estigmas de la ganadería y por la sostenibilidad, que debe ser el camino que tomemos porque aumenta la rentabilidad y es garante de que podamos existir en el futuro”.

“Se señala a los ganaderos como los causantes del cambio climático por las emisiones de gases, y también de un trato incorrecto a los animales. Ni lo uno ni lo otro es cierto, los ganaderos hemos hecho un enorme esfuerzo para mejorar nuestras ganaderías, y eso es lo que debe apoyarse”, destaca.

Por otro lado, Isolina Raña considera que se debería cambiar el enfoque con el que se aborda la eficiencia de los recursos. Y señala el caso del purín como otro factor por el que se estigmatiza a los ganaderos. “No es un residuo y un contaminante, es un recurso, una materia prima ya que con ello fertilizamos los campos. Para nosotros los ganaderos significa poder dar sustento a nuestras tierras para obtener los cultivos y así poder alimentar a nuestras vacas. De hecho, podría ser un gran ejemplo de economía circular y verde ya que nos permitiría producir biogás y no tener una dependencia tan grande de fuentes de energía externas, lo que implica ahorro y sostenibilidad”.

Una fuerte conexión con el mundo cooperativo

“La granja es mi trabajo, en ella está mi entorno familiar, el afecto más íntimo y mi modo de vida”, explica Isolina. Pero más allá de este día a día en el que no siempre es fácil compaginar el horario de ordeño, el de la siembra, la siega, la visita de los técnicos, el ensilado y las gestiones burocráticas y administrativas que cada vez son más numerosas, siempre quiso “estar ahí donde suceden las cosas”.

“Ya mi padre era socio de la cooperativa Feiraco y pronto comencé a acudir a las asambleas, cursos, reuniones… Aprendí mucho de economía social y cooperativismo, llegando a compatibilizar las jornadas como ganadera con ser consejera de Feiraco durante siete años”. Fue en ese momento cuando se implicó en la creación de “Mulleres de Seu” como socia fundadora con “el objetivo de visibilizar a las mujeres ganaderas y ayudar a las que empiezan en su formación y participación, trabajando para que el papel de las mujeres en la cooperativa refleje la realidad social”.

A partir de ahí hizo suya la pasión por comprometerse y por contribuir a “la construcción de un futuro bueno para todos”. Reconoce también que se han atravesado tiempos difíciles en los que todo parecía derrumbarse: “De ser alrededor de 100.000 explotaciones lácteas hemos pasado apenas a 6.000. A pesar de los obstáculos, conseguimos mejorar la eficiencia, la productividad de las tierras, la calidad y rendimiento de las producciones y con ello lograr un tamaño de granja manejable y rentable”.

“Soy una firme defensora del modelo cooperativo como un modelo sostenible, equitativo y que fija la población en el rural defendiendo siempre la actividad y calidad de vida de sus socios y el entorno en que está enmarcada. Las cooperativas son de, por, y para sus socios”, recalca.

Cooperativismo que traspasa fronteras: experiencia como agripooler en América Latina

De su experiencia y de su compromiso con el mundo cooperativo, en 2016 surgió la oportunidad compartir lo aprendido de la mano de Acodea, la primera agri-agencia española de cooperación internacional de habla hispana, que le invitó a compartir sus conocimientos con ganaderos y agricultores de América Latina.

“Es una actividad apasionante y muy enriquecedora. Me especialicé en gobernanza y recibo a grupos que vienen a conocer nuestros métodos. Tras mis experiencias en misiones y giras de estudio con organizaciones agrarias de Sudamérica, en 2019 me concedieron el honor de ser ‘agripooler del año’ y, desde 2021, de ser embajadora de la organización”, relata.

Pero la vocación por aportar de Isolina no acaba aquí, y ya está pensando en próximos pasos para generar nuevas oportunidades allí donde más se necesitan: “Mis compañeros de América Latina me demandaron formación especializada para culminar la formación de técnicos y profesionales y lancé la idea de un máster conjunto entre la Universidad de Santiago, Acodea, y la agencia internacional Agriterra”.

 

Visión de futuro

Si hay algo que queda claro charlando con Isolina es que su trabajo le apasiona y siempre está buscando formas de mejorar. Uno de los logros que destaca de su explotación es haber alcanzado la certificación en bienestar animal con la segunda puntuación más alta de CLUN, una cooperativa que cuenta con 3.000 socios de los que en torno al 45% son mujeres. “Es una recompensa al esfuerzo realizado”, resume. Por otro lado, hace unos meses instaló en su explotación placas fotovoltaicas y ahora también sus correspondientes baterías para así hacer frente a un “precio de la energía insostenible”.

Una de sus preocupaciones es precisamente las consecuencias del conflicto en Ucrania. Para Isolina, lo trepidante del contexto en el que vivimos no debería impedir que pensemos en el modelo de ganadería que queremos. “En momentos tan convulsos deberíamos pararnos a reflexionar hacia dónde vamos. Con la pandemia, nos dimos cuenta de la importancia de la autonomía alimentaria. Ahora, con la guerra, la amenaza es la escasez de cereales que afectará principalmente a Europa, además de los costes de la energía”, reflexiona.

En medio de esta situación, reivindica también el papel de las mujeres rurales. “No cabe ninguna duda que hay más servicios y oportunidades en las ciudades, además de los prejuicios que hemos sufrido durante años. Sin mujeres el rural se muere, así que creo que se deben realizar acciones que mitiguen las carencias e intentar dotar al rural de servicios que puedan hacer frente al despoblamiento rural y mejorar nuestra calidad de vida”.

En este sentido, reconoce que cuantas más actividades lleva a cabo, más necesidades descubre. La penúltima iniciativa en la que se ha embarcado es la fundación de la Federación de Ganaderas Españolas Somos Tierra, de la que es vicepresidenta. “Queremos sumar objetivos comunes como mujeres que quieren realizarse y dirigir sus vidas”, señala.

Isolina desborda energía y ante todo se mantiene optimista: “Estamos en un momento de muchos cambios, por exigencias europeas y de los propios mercados, pero los ganaderos tenemos una capacidad de adaptación asombrosa y conseguiremos salir reforzados, tenemos que tomarnos estos tiempos con mucha resiliencia y seguir demostrando que somos un sector necesario y cada vez más sostenible”.
Es por ello que lleva por bandera el lema de que “soñar un futuro diferente es el primer paso para poder cambiarlo”. Por eso defiende que hay que aprovechar cada reto “para ser más eficientes aún, promover la gestión integral de los residuos, la transición energética a las energías renovables, fomentar la economía circular, digitalizar nuestras granjas”. En definitiva, “para caminar hacia un mundo más sostenible que podamos entregar a nuestros y vuestros hijos”.

Para cerrar la entrevista, le preguntamos cuál ha sido su mayor logro. “Alguien dijo una vez que la felicidad se mide en el grado en que nos sentimos útiles a los demás. Es muy grato poder trabajar, colaborar o promover acciones que contribuyan a cambiar las cosas”, responde. Constancia, consciencia y compromiso son los valores que la impulsan. “Aquí seguiremos, ayudando a construir un mundo mejor con nuestro grano de arena. Un mundo mejor para las mujeres y para todos”, concluye.

Igape
Igape
Título do proxecto: Sofware de xestión de almacén (SGA)

Implantación de software de xestión de almacén interconectado con ERP e cos postos de expedición. Control total de caducidades, lotes e trazabilidades, proporciona a posibilidade de pedidos en paralelo e optimiza ose movementos tendo en conta incompatibilidades entre familias de producto.

Título do proxecto: Proxecto de melloras informáticas
Proxecto de melloras informáticas consistente en dous interfaces de comunicación entre o software que controla o autómata de fabricación de fertilizantes e o da plataforma loxística co noso ERP DelagrOS, axilizando os procesos e destinando os recursos humanos a tarefas de maior valor engadido.